domingo, 20 de abril de 2008

Construirse a uno mismo (II)

La imagen del post anterior, la del Hombre que se construye a sí mismo a base de superar las dificultades me atrae enormemente. No crecemos con las evidencias, con la falta de conflicto, sino con la superación e integración de la diversidad.

En el post de hoy, continuación del capítulo anterior, Saint Exupéry nos completa su visión del Hombre como un proyecto, como un camino hacia una meta que quizá nunca se alcance, eso no importa, pero que es la que marca nuestro crecimiento, como un árbol...

Pero hay árboles de la ciudad que el viento de arena no amasa. Hay hombres débiles que no pueden superarse. Hacen su felicidad con una felicidad mediocre, luego de haber suicidado la parte noble. Se detienen en una posada para toda la vida. Han abortado de sí mismos. Y poco me importan qué es de ellos o cómo viven. Renuncian a escuchar la voz de Dios que es necesidad, búsqueda y sed inexpresable. No buscan el sol como lo buscan ene el espesor de la selva esos árboles que jamás lo lograrán como provisión o reserva porque la sombra de los otros ahoga cada árbol, persiguiéndolo en su ascensión, modelados como columnas, gloriosos y lisos, brotados del suelo y transformados en potencia por la persecución de su dios. Dios no se alcanza; pero basta que se proponga, para que el hombre se construya en el espacio como un ramaje.
Cap. XLIX

domingo, 6 de abril de 2008

Construirse a uno mismo (I)

Siempre me cautivaron las imágenes que nos da Saint Exupéry acerca de cómo conseguir ser un Hombre (ahora, por lo del lenguaje sexista debería decir un "ser humano"). De hecho, la temática principal de Ciudadela es ésa precisamente. Hace mucho tiempo (en un libro que perdí y nunca más he vuelto a encontrar, pues no recuerdo el título) leí que en Saint Exupéry se notaba la influencia de F. Nietzsche. Estaba bien fundamentado, pero desde entonces he leído otras biografías suyas y nadie más lo menciona. Vayamos al extracto de su libro
¿De dónde deduces que el cedro ganaría al evitar el viento? El viento lo desgarra pero lo funda. Mal sabio el que separa el bien del mal. Buscas un sentido a la vida, cuando ese sentido es, en primer lugar, llegar a ser uno mismo, y no ganar esa paz miserable que tiende hacia el olvido de los litigios. Si algo se opone a ti y te desgarra, déjalo crecer, que así afianzas raíces y te renuevas. ¡Bienvenido el desgarramiento que te impulsa al parto de ti mismo! Pues ninguna verdad se demuestra y se consigue con las evidencias. Y las que te proponen son arreglos cómodos y semejantes a drogas para dormir.
Cap. XLIX